Citas

El despertar intelectual de las mujeres, la toma de conciencia de su pasividad milenaria, es la más apasionante rebelión de este siglo. Creo que filmo para compaginar. Es uno de mis momentos de mayor felicidad. Recién ahora entiendo aquello de plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro. Es una manera de no morir cuando muera.

Creo que cuando se hace alboroto en torno a una, dos o tres mujeres que descuellan en lo suyo hay que alarmarse, porque el tema no es que dos o tres señoras sean más importantes que un montón de señores. El tema sería que la mitad de la gente importante fueran señoras y la otra mitad, señores.

Procrear no es crear y la mujer tiene derecho a las dos cosas: queremos ganar nuestro dinero, expresarnos, ser personas autónomas, trabajar, investigar, estudiar, salir, sentir y volver a nuestra casa y encontrar allí un hombre que nos quiera y que nos entienda, que nos comprenda de la misma manera que una mujer comprende a su pareja masculina.

Para crear hay que pasar por el dolor tanto como por la alegría, la excitación, las enormes descargas de adrenalina y los momentos de desasosiego.

El feminismo es el antídoto del machismo y no una cruzada contra los hombres. Es el anticuerpo que defiende a la mujer lúcida y que permite observar con mirada nueva a la pareja.

Por mi parte pienso que hay dos condiciones, dos responsabilidades para un director: una, que el espectador no se aburra; otra, que cuando salga del cine sea diferente a como entró. Aunque sea un mínimo click que lo sacuda o conmueva.

El amor, a veces, es una gran trampa para la mujer porque suele volcar en él todas sus energías emocionales e intelectuales, porque se des-vive por el ser amado, y la vida no nos ha sido dada para des-vivirla, aunque así nos hayan educado los boleros, las telenovelas, hasta las óperas. Cuando se ha encontrado el amor, lo inteligente es tratar de que evolucione girando como las estaciones, replanteándose la vida todos los días con voluntad, imaginación y respeto por el otro.

Yo he cumplido con mis propias voces, y tal como dice Edgar Allan Poe, "aquel que no escucha sus voces es desgarrado como un tigre". Ahora me siento en paz. Haber seguido mi destino me reconcilia mucho con la muerte, porque estoy cumpliendo con la razón de ser para lo cual pasé por este planeta.

Me propuse tratar modestamente, desde mi rincón del planeta, de modificar esta imagen y poner mujeres autónomas, lúcidas, básicamente mujeres libres, para que de esa manera, las que están en la platea puedan identificarse con mujeres que les sirvan de ejemplo para crecer ellas mismas.

En algún momento, cada una de ustedes se preguntará en la soledad de su conciencia: "¿Y ahora qué?". "¿Tengo alguna vocación?, ¿algún talento?, ¿alguna inquietud?". "¿Me interesa el arte, la investigación, la política?". "¿Me duele el mundo y quiero intentar cambiarlo?". "¿Quiero un destino propio o simplemente deseo compartir el destino del hombre que algún día se cruzará por mi camino?". Si yo les formulo estas preguntas a las cuales les va a costar encontrarles respuestas, es porque yo, a su edad, no me las hice. Tampoco nadie las hizo por mí. Y si pienso que puedo ayudarlas un poco, muy poco por cierto, es con la esperanza de que no pierdan el tiempo como lo perdí yo, buscándome.