Museo Nacional
de Bellas Artes

La colección María Luisa Bemberg se exhibirá en el Museo Nacional de Bellas Artes.

Está integrada por veintisiete obras de arte rioplatense; había sido donada en 1995. Son cuadros de Barradas, Figari, Torres García, Xul Solar y Pettoruti. Hay una escultura de Penalba.

Finalmente, la colección María Luisa Bemberg, integrada por 26 cuadros y una escultura, tendrá su propia sala en el Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA), tal como lo soñó la desaparecida cineasta cuando una soleada mañana de marzo de 1995, rodeada de sus hijos y de un grupo íntimo de amigos, donó a nuestro museo mayor sus cuadros rioplatenses.

Diez años pasaron desde que la donación fue recibida por el entonces secretario de Cultura Mario O´Donnell y por el director del museo Jorge Glusberg, para que se cumpliera la letra del legado y las pinturas de Barradas, Figari, Torres García, Xul Solar, Pettoruti y la escultura espléndida de Alicia Penalba encontraran su lugar. Sólo el empeño puesto por sus hijos Carlos, Luisa, Cristina y Diego, la oportuna intervención del ministro Aníbal Fernández y la gestión del actual director, Alberto Bellucci, lograron llevar a buen puerto las negociaciones: la donación podrá ser visitada a partir de pasado mañana en el primer piso del Bellas Artes.

Inmejorable presencia del arte del Río de la Plata es el conjunto que recibirá al visitante con el retrato de Bernabé Michelena firmado en 1914 por Rafael Barradas, uno de los cuadros más queridos de los hermanos Miguens Bemberg. Con un hilo de voz y los ojos húmedos, postrada en una silla de ruedas en el último tramo de una enfermedad terminal, María Luisa entregó las obras que eran parte de su vida. La sala Bemberg estará escoltada por las escenas de batalla pintadas por el soldado pintor Cándido López, que dejó su huella en la historia del arte al pintar con la mano izquierda, perdida la derecha en una batalla y con ella su interés por las naturalezas muertas de rigurosa factura. María Luisa inició la colección cuando sus hijos eran adolescentes, diez años antes de comenzar a filmar. Había nacido en una familia de coleccionistas. Su padre compraba pintura academicista y tenía un buen Canaletto. Su tío Federico fue un gran coleccionista de impresionistas, y su hermano George formó una pinacoteca importante que donó al Museo de Toulouse, en Francia, país donde vive desde hace muchos años. El primer cuadro que compróMaría Luisa fue Pelando la pava, un Figari costumbrista. Pero la perla de la pinacoteca son las pinturas de Rafael Barradas, capaz de llevar el color a la intensidad vibracionista. El desafío de María Luisa Bemberg fue armar un conjunto coherente, de expresiones heterogéneas: el cubismo de Pettoruti, el constructivismo de Torres García, la ligera musicalidad de Xul Solar y el trazo ingenuo de Figari. Completa el conjunto una escultura extraordinaria de Alicia Penalba.

El gesto generoso de Bemberg, prolongado en la gestión de sus hijos, retoma la mejor tradición de coleccionismo argentino que sentó las bases de nuestro patrimonio artístico: los Guerrico, Rossi, González Garaño, Santamarina y Di Tella, entre tantos otros, pilares de la pinacoteca de la Avenida del Libertador. Merece una línea recordar que ésta no es la primera donación de María Luisa Bemberg al MNBA.

En 1985, era presidente Raúl Alfonsín, donó una Vista del Támesis, de Alfred Sisley. La maraña burocrática mantuvo el cuadro en el limbo más tiempo del que la lógica y la paciencia soportan. Fue necesaria la intervención de la directora nacional de Artes Visuales, que era Teresa Anchorena, para que el museo recibiera la donación de manera formal y cumpliera con el procedimiento que se sigue en cualquier museo del mundo. Recibir, agradecer y exhibir.

Alicia de Arteaga
Diario La Nación, Cultura – 30 de Noviembre de 2004.

 

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